Un lagarto oscuro

A principios de 2004 una alumna me planteo la posibilidad de unirme a un viaje en bicicleta que iba a hacer con unos amigos desde La Habana a Santiago de Cuba.

Mi afición a viajar en bici venía de atrás. Ya con otros amigos con los que había hecho varios Caminos de Santiago bromeaba diciendo que el que me quedaba era de la Habana a Santiago… pero de Cuba. Así que me apunté de inmediato.

Había estado en Cuba muchos años antes, sobre 1990. En aquellos momentos la situación allí era muy difícil aunque íbamos pensando que aquello era una especie de paraíso hedonista. Mi actitud entonces era la de intentar pasarlo lo mejor posible y poco más, pero era imposible no darse cuenta de lo que allí ocurría.

En este segundo viaje mi edad y mi conciencia me hacían estar más atento a lo que me rodeaba. Mi estado era diferente y ya tenía un compromiso con esa novia llamada  fotografía.

Viajar en bici te hace estar mucho más pegado a la verdad de los sitios por los que pasas. Te rozas con el viento de los caminos, hueles la tierra y el asfalto, tu cuerpo siempre está despierto y sucio de realidad.

La Cuba que vi fue oscura y en venta.