Entrevistas

Un día de 1999 baje a la calle con la intención de fotografiar a alguien desconocido proponiéndole hacer las fotos en mi casa. Justo en el momento de salir por la puerta pasaba por la acera una chica. Me acerqué a contarle mi propuesta y, aun entendiéndola con dificultad por no dominar bien el castellano, aquella chica norteamericana subió. Antes de fotografiarla decidí grabarla en vídeo para romper el hielo.(Mientras escribo esto parezco estar relatando las aventuras de un psicópata asesino tan típicas del país natal de la chica).

Mientras la grababa le hacía preguntas y la estudiaba. Vimos la grabación juntos. Después le hice las fotos. Podéis ver parte de esta grabación en “Sonidos e Imágenes”.

Repetí este proceso con más personas a ser posible desconocidas y fui entendiendo que aquello de grabar tenía mucho más interés que el hecho de relajar la situación. Mientras grabas la gente, con su voz y con su cuerpo, te cuenta cosas que te hacen conocerla. Cuando ven su imagen grabada toman conciencia de cómo hablan, de cómo se mueven, de cómo miran, de cómo son desde fuera. Algo que normalmente nunca han visto antes.

Los tiempos de grabación dependían de cada cual. Intentaba adecuarlos a lo que necesitaba cada persona para expresarse. Cuando acababa y veíamos su “entrevista”, cuando sucedía el autoreconocimiento era el momento de hacer las fotos. Quería aprovechar el estado mental y emocional que ese autoreconocimiento provocaba.

Pero el proyecto consistía en algo más. Pensé en una exposición donde apareciera cada grabación, la foto que yo había decidido hacer y una impresora. La propuesta consistía en que el espectador, una vez vista la grabación, decidiera imprimir un frame con su visión de la persona en cuestión y colocara su imagen junto a la mía. Quería hacer partícipe al espectador de la propia exposición. Quería saber como era su interpretación del entrevistado. Quería que aquello fuera algo vivo.

Pero nada de esto se hizo nunca.