Inconsciencia

Con los años, y ya en la universidad, me fui con mi novia de entonces a Yugoslavia en un R5 nuevo que mis padres se empeñaron me comprara en vez del Dian 6 de segunda mano que, con mis ahorros trabajando de pintor en la fábrica de cerveza Cruz del Campo, aspiraba a tener. Por supuesto ellos también pusieron de sus ahorros. Lo del Dian 6 tenía que ver con la excursión de fin de bachillerato. Era el coche de mi profesora de inglés, mi primer amor, con la que, tremendamente confuso y en el césped de un chalet de los caños después de saltarnos la valla borrachos y sobre una toalla, follé por primera vez.

Camino a Yugoslavia llevábamos una cámara réflex. Una Yashica creo recordar, de la mujer del hermano de mi novia. Y un carrete en blanco y negro para quince días de carretera cruzando el sur de Europa. Pasamos por Venecia, llegamos a la península de Istria y las fotos no se acababan. Decidí abrir el respaldo de la cámara y efectivamente comprobé que el carrete no estaba bien puesto. Lo volví a colocar y decidimos volver a Venecia. Nos había encantado la ciudad.  A la vuelta el revelado en casa de Miguel Ángel, cámara de Canal Sur que tenía laboratorio en casa. Era la segunda vez que entraba en el cuarto oscuro, otra profesora del instituto nos había enseñado como funcionaba una ampliadora y el proceso químico del positivado. Miguel Ángel murió en un accidente de coche, el carrete se quedó entre sus cosas.

Estas son las siete fotos que he podido encontrar de ese viaje. Una Venecia en blanco y negro que ha estado presente en mi memoria a través de la foto del gran canal que lleva tanto tiempo colgada en las paredes de tantas casas donde he vivido. Hace poco, y después de 27 años, volví a esa ciudad. Una ciudad diferente. Una ciudad llena de colores, irreconocible y en cierta forma decepcionante. Mis imágenes y Hugo Pratt tienen la culpa.