Inicios

Más tarde compré mi primera cámara en Hipercor. Una Nikon FG. Entonces venían con un 50 mm F:1.8. Empecé a hacer fotos de forma más regular. Las primeras a mi novia y los amigos. Realmente no tenía ni idea. Bienaventurada la A de automático.

Debo agradecer a Venecia mi pasión por la fotografía, o quizás no. Nunca se sabe si de una forma u otra al final habríamos llegado al mismo sitio. Nuestra determinación, tendencia o habilidad a veces se imponen al azar o las circunstancias y otras no.

Sea como fuere creo que la unión de Venecia, el blanco y negro, el laboratorio y mi necesidad de hacer algo creativo fueron factores importantes para que decidiera comprar mi primera cámara réflex. Tendría entonces 21 años más o menos y una novia con la que practicar. Vivíamos entonces en un piso alquilado que podíamos pagar realquilando las habitaciones para que algunos compañeros de la facultad pudieran tener un sitio íntimo donde estar con sus novias o ligues, era en la Alameda de Hércules, hoy sitio de moda y entonces la zona de droga y prostitución que todo centro de ciudad se precia de tener. Allí hice una de las primeras fotos con mi nueva cámara y por supuesto al culo de mi señora. Esta tendencia me acompañaría durante muchos años aunque no sólo de carne vive el hombre. También fotografiaba mi entorno y a mí mismo, probaba todo lo que se me ocurría y disfrutaba de la inmediatez y la belleza de las diapositivas que proyectábamos desde la cama. Era joven, inquieto y con demasiadas cosas que aprender. El barrio y la familia comenzaban a quedarse atrás.

Por aquel entonces la cámara era sólo un divertimento, una forma de pasar el tiempo, un impulso compartido, el juguete con el que grabar nuestras pequeñeces cotidianas, pero siempre buscando hacer algo parecido a aquellas fotos que me gustaban, las que veía en las revistas o en los libros que ojeábamos en el Corte Inglés.

Empecé a hacer algún curso. Tenías ganas de saber más. Dicen que la curiosidad es la madre de las ciencias y yo era de ciencias.