Invisible

 

En septiembre de 1994 hice un viaje a Marruecos. Atravesamos el Atlas en todo terreno como pijos aventureros de poca monta. Justo unos días antes de irnos me reencontré con alguien a quien no veía desde hacía mucho tiempo. La conocí cuando ella tenía quince años.

Ese era mi primer viaje de interés con conciencia de fotógrafo. Me llevé el equipo de 35mm, la Rolleiflex y película de sobra. Era algo exótico. Bereberes, paisajes montañosos, desierto, camellos, ruinas… nubes. Hice lo que entonces me parecieron muchas fotos, estaba prácticamente pegado a la cámara, concentrado en lo que hacía día tras día. Al principio fotografiar a la gente me generaba intranquilidad, temor. Pero poco a poco todo empezó a hacerse fácil. Me acercaba sin problemas, nadie se sentía amenazado, no dudaba, no llamaba la atención. Era como si yo no estuviera realmente allí. La cámara era una ventana para mirar a otro mundo. Me estaba haciendo invisible.