La nueva era

 

 

En Berlín mi espalda me impidió seguir usando la Rollei. Buscando una alternativa entré en una tienda de fotografía para comprar una Holga. No tenían y el dependiente me mostró otra opción. En una funda de cuero traía una cámara de segunda mano. Una Zeiss-Ikon, la Ikonta 521 de 1933. La compre por 30 € y con el paso de los años, cada vez más inmersos en el mundo digital, acabó siendo para mí la cámara perfecta.

Pero había que aprender todo lo nuevo que llegaba.  Me compré mi primera cámara digital, una Canon 20 D y vendí mi equipo analógico de 35mm Nikon. La novedad me hizo utilizar durante unos años ese tipo de cámaras, aunque siempre con la sensación de poco feeling que aún me producen. No era una alternativa ni lo sigue siendo para mí. Quizás más adelante cuando acaben de ordeñarnos año tras año o cuando no nos quede otra opción.

En esos momentos estaba inmerso en la diarrea digital y su capacidad nocturna. Esta noche de juerga en que enseñábamos la ciudad a Antoine D`Agata sirve de ejemplo.