Lanzarote

Destinaron a mi novia de entonces a Lanzarote. Nuestra relación se había degradado mucho y no quería mantener a distancia algo que no sabía si merecía la pena. Además estaba harto de mi vida en Sevilla, no era feliz.

Decidí irme allí y ver qué pasaba con nosotros y conmigo.

Me lleve mi laboratorio, mis cámaras y demás aparataje y recorrí aquella maravillada isla. Me perdía por los desérticos caminos con la Rollei y el trípode. La soledad, el camino, los alisios, el paisaje, la calma. Concentrarse en el encuadre y la luz, sin prisas y rodeado de la extraña belleza, de la fuerza, de todo aquel entorno. Pasaba horas y horas en el laboratorio afinando los detalles, buscando los matices que merecía aquello que había sentido.

Esas fotos que hacía las intentaba vender en el mercadillo de Teguise, el lugar donde vivíamos. También en las tiendas y a el Cabildo de Lanzarote que a su vez las vendía en los centros de turismo. También hice camisetas con ellas. Todo era blanco y negro aunque a los turistas fundamentalmente les gustaban los colorines. Algo se vendió, incluso algunas fotos que no tenían nada que ver con la isla. También hice fotos a una chica en aquel paisaje. Me apena que nunca las viera.

A los seis meses nos separamos y volví de nuevo a Sevilla. Mis padres estaban viejos y enfermos.