Las emociones

Empecé a hacer talleres con fotógrafos de renombre. Creo que el primero fue con Ricky Dávila en Zahara de la Sierra. Fui el peor alumno. Díscolo y resacoso. No entendía ni compartía lo que Ricky nos contaba. Me era complicado establecer mi posición ante lo que conlleva un taller. Esto lo tuve que ir aprendiendo poco a poco. Tenía que controlar y asimilar mis emociones, sacar lo bueno que cualquier comentario me pudiera dar para entenderme más a mí y a mis fotos. También conocí allí a José Manuel Navia. Más tarde con el paso de los años y con un poco más de sabiduría he tratado con ellos de una forma tranquila y sosegada sobre la fotografía.

En aquel taller se nos proponía hacer algún trabajo y decidí crear una especie de fotonovela extraña donde yo era uno de los protagonistas. No había texto pero se contaba una historia a través de las imágenes. Se mezclaba lo cinematográfico con lo literario aunque no hubiese palabras. La esencia de las cosas prevalece por encima de la cosa misma. Puede haber fotografía en las palabras, literatura en la pintura, color en la música, pintura en la fotografía, fotografía en la pintura, literatura en la música…