Mensajes

Empecé a ver otras posibilidades de comunicación. Utilizar la metáfora o la serie como recursos para hablar sobre mis inquietudes o ideas.

Las manos con granos de arena en la playa hablaban de la identidad y la diferencia. El libro en el agua sobre el vaivén de nuestra existencia. Las chicas de anteriores entradas generaban discursos sobre el placer, el dolor, la inocencia,  la crueldad, la vida o la muerte. Los retratos de las entrevistas a su vez hablaban del reconocimiento de la propia imagen y de cómo nos sentimos ante la evidencia de lo que somos. Podéis ver las series completas y leer más sobre ellas en Hechos y Proyectos.

Empecé a pensar en las  fotografías como piezas de un puzzle que podían encajarse de diferentes formas para hablar de diferentes cosas.  Elementos de un discurso que como las palabras se pueden usar para otros discursos con otras palabras. No conocía el trabajo de Miguel Rio Branco o Duane Michael.

También probé a intervenir sobre las imágenes. A perderles el respeto. A intentar romper encorsetamientos.

Era un absoluto ignorante de la historia de la fotografía pero con la suficiente energía para no parar de probar y pensar en otros caminos.

El fotoreportaje cada vez me interesaba menos aunque empecé con unos amigos un trabajo sobre los aparcacoches ilegales o “gorrillas”, como se les llama en Sevilla, donde se mezclaban entrevistas en vídeo con las fotos que hacíamos dos de nosotros.

Lo evidente, las imágenes que no tenían más que una lectura o solamente una carga estética empezaban a aburrirme. Me interesaba acercarme más a los espejos que a las ventanas y tampoco conocía a John Szarkowski.