Modelos a seguir

Por entonces vivía a las afueras de la ciudad en un piso amplio donde tenía mi laboratorio y espacio para hacer alguna foto. La fotografía era una buena forma de evasión después de la separación. Tenía ansia de fotografía y aprendizaje. Quería emular a fotógrafos famosos que iba conociendo. Creo que ya por entonces Helmut Newton estaba presente en mi mente. Me atraía enormemente el erotismo y la perversidad de sus imágenes unidas al lujo. Él era un modelo a seguir. Y sus modelos mujeres a las que desear.

Empecé a buscar a chicas que quisieran posar para mí. Probaba los conceptos técnicos a la vez que intentaba obtener imágenes atractivas. La fotografía de moda estaba muy presente en estas sesiones. Quería repetir esas fotos con las que continuamente nos bombardean donde aparecen chicas guapas y sofisticadas.

Pero ocurría algo más y mucho más interesante. Durante las sesiones se generaban unas conexiones que hasta entonces no había experimentado. La cámara actuaba como elemento catalizador de sensaciones. Establecía un espacio donde se desarrollaban tiempos cargados de una atmósfera que afectaba mentalmente a la modelo y a mí como fotógrafo. Una intimidad que provocaba una comunicación diferente. El erotismo era el resultado de ella no el elemento primario. La cámara abría caminos nuevos de información y emoción.

En este mundo de resultados es fundamental reivindicar la importancia del proceso. La fotografía como herramienta de conocimiento. El acto fotográfico como algo valioso en sí más allá de la imagen resultante.

Empecé a usar la Rolleiflex.