Mujeres

Seguí fotografiando a mujeres. Las sensaciones que se producían en las sesiones con las modelos y la influencia de las imágenes de otros fotógrafos como Peter Lindbergh o Sante D’Orazio me empujaban a seguir quedando con chicas para hacer fotos. Era capaz de generar espacios de confianza donde materializar ideas o intentar imitar a los grandes. Ellas también querían ser las protagonistas de esas imágenes que veían en los libros de fotografía, se mezclaban la estética y el morbo. Querían verse guapas, sexis, atrevidas, atractivas. En esos momentos intentaban dar lo mejor de ellas y yo las ayudaba.

Aunque mis imágenes empezaron a tender hacia otros derroteros. Hacía unos años estando en Madrid visité el museo Reina Sofía y allí me encontré con una exposición que me dejo tocado. El impacto que aquellas imágenes generaron en mí cambio la idea que hasta ese momento tenía sobre lo fotográfico. El autor de aquella exposición era Joel- Peter Witkin. Me enseñó que la fotografía puede hacer mucho más que mostrarnos imágenes hermosas. Me abrió las puertas de sus infinitas formas de comunicación.

Volví a mudarme a los dos años, en 1998, a un piso más grande y antiguo y reservé la habitación mayor para hacer fotos. En ella me permitía hacer lo que creyera necesario. Me recordaba, aunque de lejos, al sótano de Jan Saudek. Esa casa, que es donde aún vivo, ha sido el escenario de múltiples sesiones, de horas de complicidad y divertimento en una intimidad compartida.

Empecé a grabarlas antes de las sesiones con una pequeña cámara de vídeo que compré en Japón gracias al dinero que gané en un concurso de televisión. Lo hacía con la intención de romper el hielo, pero me di cuenta de que esas grabaciones generaban en sí algo diferente. Las llamé Entrevistas.