Compromiso

Me mudé a la ciudad para estar más cerca del laboratorio donde solía pedir las copias. Mi compromiso con la fotografía se hacía más firme día a día. Durante un año estuve de obras en un apartamento pequeño que reconstruí por completo. Había comprado una ampliadora Beseler de doble columna y objetivos Schneider Componon para poder positivar el blanco y negro que disparaba con la Rollei. Mientras estaba de obras vivía en un piso vacío de una amiga donde me lleve una cama y poco más. Intento recordar las fotos que hice en ese periodo, aunque hay una en concreto que recuerdo perfectamente, en una bañera y con la luz de una bombilla. Más tarde sería la protagonista de mi primera venta.

La Rolleiflex ya se había convertido en mi cámara favorita, controlaba sus mecanismos de uso y el 80mm y su cobertura me parecían ideales. Aunque no dejaba de disparar en 35, la calidad y la estructura de la imagen del 6×6 se iban imponiendo. Solía usar carretes caducados por aquello del precio. Probaba con ellos todo tipo de procesos. De forma más o menos inconsciente estaba encontrando mis propios caminos.

El color se iba imponiendo.