PIXELADAS. FOTOGRAFÍA Y LITERATURA ALREDEDOR DE LA LOCURA*

Quién puede decir que se libra de la locura. Si analizamos fríamente algunos de nuestros actos más cotidianos podríamos identificarlos con pequeñas dosis de locura. Quizás ser conscientes de que la intensidad de nuestros desvaríos es la que nos coloca a ese otro lado y no el hecho cualitativo de tenerlos nos permita una perspectiva más real de eso a lo que llamamos locura.

Arte y locura han estado unidos desde el inicio de los tiempos. Quizás la imaginación puede ser considerada prima cercana, enajenación creativa y necesaria. ¿Cuántos artistas no han sido declarados chiflados en su modo de ver el mundo y recrearlo fuera de los parámetros normales de una época? ¡Qué fina puede ser la frontera entre el visionario y el loco!

Roger Ballen fotografió la locura de un pueblo aislado y endogámico de Sudáfrica. Un pueblo de locos degenerados por otra locura llamada apartheid. Una sociedad de dementes blancos y puros entre las montañas.

James Nachtwey denunció la locura de aquellos que encerraban y maltrataban a niños deficientes en cárceles del este y otra aún más atroz, la de una guerra que no acaba nunca; porque todas las guerra son una con diferente atuendo del brazo de una dama encapuchada.

Antoine D`Agata y García Alix provocan su locura a través de la desesperación y la droga. Hijos y esclavos de un mundo extremo y su cámara depósito de sus recuerdos vagos. Demencia provocada. D`Agata, el Francis Bacon de este siglo, desorden y vacío que nunca se sabe cómo acaba.

La fotografía como terapia o lenguaje, como excusa para no morir de soledad.

David Nebreda, esquizofrénico encerrado en su casa durante 20 años, se comunica con el mundo mostrando su decrepitud y martirio. Su cuerpo autolesionado, vejado por el mismo para ser fotografiado. Cómo un cristo en permanente crucifixión.

Francesca Woodman. Esa virgen suicida llena de magia que se lanzo al vacío con 22 años después de haber creado imágenes llenas de sueños.

Quién puede decir que está libre de la locura de una manera u otra. Roland Barthes decía que la fotografía era muerte y locura. Creo que ser consciente de lo que somos y de las connotaciones de lo que hacemos es un riesgo que tenemos que correr. Nos hará estar más cerca de aquel que siempre va con nosotros y al que desconocemos. Nos planteamos charlar con él a través de nuestra cámara, sincerarnos con un amigo que nos durará toda la vida. Investigar en ese saco extraño donde vive.

* Introducción a un proyecto para la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).