Supuesto principio

1 Foto copia

No quiero que esto sea un escaparate de mi bondad fotográfica. Nunca he tenido una web, blog o algo parecido y el hecho de que ahora me haya decidido coincide con un momento de mi vida en el que necesito hacer resumen, recorrer de nuevo más de 25 años a través de mi unión vital con la fotografía, mirar hacia atrás aunque digan que no es bueno ni para tomar impulso. Sea como sea es lo que me apetece y creo y espero que no sólo me sirva a mí; no tendría mucho sentido publicar esto si no fuera así.

Después de morir mis padres pedí quedarme con la caja de las fotos familiares. Pensando en cómo iniciar este diario de nostalgias y reencuentros decidí buscar en la caja la primera foto supuestamente hecha por mí y, aunque nada lo certifica, puedo pensar que fue ésta.

Teníamos una cámara de plástico, aunque puede que eso fuera más tarde, lo que sí es seguro es que era nuestra primera bicicleta y que en ese momento mi prima Chari, mi hermana y yo, por orden de edad, nos fuimos a ese camino de polígono industrial contaminado donde jugábamos en nuestra niñez en el barrio de Torreblanca. Aunque quizás el polígono llegó después con su manta de asfalto, sus olores extraños y esa basura industrial que nos gustaba revisar. Al fondo el misterioso cortijo donde decían había un enano mecánico que te daba paso con su brazo articulado cuando se habría la puerta.

Me pregunto si el cortijo sigue ahí.

Al escanear la foto he intentado ver quién montaba la bici pero la textura del papel emborrona la cara. Mi prima quizás. Siempre me gusta jugar a Blow Up desde que, después de muchos años de hacer una foto, me compré un escáner de alta resolución y descubrí que un tipo me miraba detrás de unas sombras una mañana soleada en un Londres de escala aeronáutica.

Entonces, de crío, no tenía ni idea de qué iba esto, pero a todos nos gustaba hacernos fotos de vez en cuando, cuando se podía, no era un gusto ni un deseo especial. Lo que sí recuerdo es que en ese mismo lugar donde jugábamos a cazar serpientes y ranas miraba al cielo y cuando pasaba un avión se me encogía un poco el alma por el deseo de ir en él, por lo lejano e imposible que entonces me parecía que algún día yo, un niño de familia pobre en un barrio poco menos que inmundo, pudiera con el tiempo ir a lugares que existían en la tele y los libros, aunque realmente cualquier sitio servía.

Entonces todo era en blanco y negro.